Bernardo de Hoyos, luz para España y para América

En el número anterior veíamos cómo las apariciones de Paray-le-Monial abrían a Europa a la espiritualidad del Corazón de Jesús. En esta ocasión, miramos a nuestra querida España del siglo XVIII, donde encontraremos cómo la vida de un joven estudiante jesuita será luz para nuestro país y para el continente americano.

En la Tierra de Campos, en el Colegio San Ambrosio de Valladolid, el novicio Bernardo Francisco de Hoyos descubre esta espiritualidad gracias a un buen amigo suyo, y nos dice: “Yo, que no había oído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de Jesús y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento, fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui delante del Señor Sacramentado, para cooperar cuanto pudiese a la extensión de su culto”.

Muy pronto comprende Bernardo el carisma especialísimo al que el Señor le llama. Él le concede distintas gracias místicas, acompañadas de noches y oscuridades muy intensas, hasta que, el 14 de mayo de 1733, éstas llegan a su culmen: “Pidiendo esta fiesta para España me dijo Jesús: Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes”. Enseguida reúne a varios compañeros suyos que le ayudan a extender esta espiritualidad por todo el país, llegando incluso al príncipe, futuro rey Fernando VI.

La Gran Promesa que recibe el padre Hoyos es el comienzo de lo que celebraremos en este año jubilar. Son las mismas palabras grabadas en el monumento del Cerro de los Ángeles. Además, su vida conforma un precioso ejemplo para los seminaristas y los sacerdotes. Que con su intercesión, nos ayude a entrar en el Tesoro escondido del Corazón del Señor.

RUBÉN HERRAIZ

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