Siempre el Cerro

La madre Maravillas nunca dejó su querido Cerro sin carmelitas, pero ella lo abandonó, haciendo un enorme sacrificio que siempre recordaría. Si era tan feliz a los pies del monumento, ¿por qué salió de aquel carmelo? En una de sus cartas (nº 396) encontramos la respuesta.

 

“Ayer domingo, al subir la escalera para ir al coro alto a la misa cantada, recogida, sí, pero sin ningún pensamiento particular, oí claramente dentro de mí: Mis delicias son estar con los hijos de los hombres. Estas palabras, que me impresionaron fuertemente, entendí no eran en este caso para mí, sino como una especie de petición que el Señor me hacía para que me ofreciera toda entera por darle esas almas que Él tanto desea”.

Este hecho, una de las gracias místicas que la madre Maravillas recibió en el Cerro en 1933, y que se conoce como la merced de la escalera, estará siempre presente en su corazón. Fue la que le dio fuerzas para dejar su querido Cerro y abrazar los múltiples sacrificios que se le presentarían a lo largo de su vida. El Cerro estará siempre muy presente en su vida y servirá siempre de punto de encuentro de las monjas que salgan a las nuevas fundaciones, procedentes de distintos Carmelos.

En este santo lugar cogerán fuerzas al principio de cada nueva fundación y la pondrán en manos del Sagrado Corazón de Jesús. Pero la madre Maravillas volvió. No al Cerro, pero sí cerca de él. En el Carmelo de La Aldehuela (Perales del Río. Getafe), en unos terrenos que habían sido ocupados hasta 1927 por una comunidad de monjes trapenses, podía contemplar el monumento y el convento. “No tienen idea cómo está el Cerrico estas noches. Vamos a recreación a un sitio encantador. ¡Cómo ha quedado la Cruz con su pedestal…! Allí nos sentamos cara al Cerro, que se ve preciosísimo, con esa silueta tan encantadora” (Carta al Cerro nº 3.367).

Así, el Corazón de Jesús quiso recompensar su generosidad, concediéndole la gracia de volver muy cerquita de Él.

 

 

 

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