Consagración de la Diócesis de Getafe al corazón inmaculado de María.

El viernes pasado los fieles de la Diócesis se congregaron en el Cerro de los Ángeles para celebrar la consagración al Corazón Inmaculado de María.

Reproducimos a continuación las palabras de don José Rico Pavés, obispo auxiliar de Getafe:

Completado el cántico del Himno Akathistos, nos disponemos ahora a realizar la consagración de la Diócesis de Getafe al Inmaculado Corazón de la Virgen María.

Pocos días después de haber inaugurado el Año Jubilar con el que estamos conmemorando el centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús, nos disponemos a realizar un acto de enorme trascendencia para la Diócesis de Getafe, como parte del Pueblo de Dios, y para cada uno de los fieles. La consagración de nuestra joven Diócesis al Inmaculado Corazón de María marca un hito en la historia de nuestra Iglesia particular. Antes de que el costado de Cristo fuera traspasado por la lanza del soldado y se nos abrieran los tesoros de su Corazón, María nos fue regalada como Madre. Para entrar con provecho en el costado traspasado del Redentor y experimentar más a fondo la grandeza insondable del Amor divino manifestado en el Corazón humano de Jesucristo, debemos agarrarnos con fuerza a la mano de Nuestra Madre, la Reina de los Ángeles, y escuchar una y otra vez su invitación: Haced lo que Él os diga (Jn 2, 5).

Al consagrar nuestra Diócesis al Corazón Inmaculado de María queremos unirnos al cántico de todas las generaciones y felicitar a María, Madre de Cristo y Madre Nuestra, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en Ella. Queremos con esta consagración declarar nuestra Diócesis como tierra donde se venera con singular amor a María.

Con palabras sabias de san Juan Pablo II, reconocemos que «si nos dirigimos al Corazón Inmaculado de María, Ella con toda seguridad, nos ayudará a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa sobre la vida presente y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro. Nuestro Acto de consagración remite en último término al Corazón de su Hijo, pues, en cuanto Madre de Cristo, Ella se halla totalmente unida a la misión redentora… María orienta todas las cosas hacia su Hijo, que escucha nuestras oraciones y perdona nuestros pecados. Así al consagrarnos al Corazón de María, encontramos un camino seguro hacia el Sagrado Corazón de Jesús, símbolo del amor misericordioso de nuestro Salvador. El acto de encomendarnos al Corazón de Nuestra Señora establece una relación de amor con Ella, pues le encomendamos todo lo que tenemos y todo lo que somos».

La consagración al Corazón Inmaculado de María es un acto de reconocimiento, de confianza y de pertenencia. Es un acto de reconocimiento, porque reconocemos en María a Nuestra Madre y nos comprometemos a vivir como verdaderos hijos suyos. Al recibir a María Santísima como Madre Nuestra expresamos nuestro firme propósito de vivir como hijos dignos de tan Buena Madre.

La consagración al Corazón Inmaculado de María es un acto de confianza. En María reconocemos la estrella luminosa que orienta nuestros pasos en las noches de la vida. María es el puerto seguro en cuyo regazo hallamos descanso, consuelo y esperanza renovada.

La consagración al Corazón Inmaculado de María es un acto de pertenencia. Proclamamos nuestro deseo ser siempre y en todo de María Santísima. Queriendo vivir de manera consciente en singular dependencia con la Reina del Cielo nos reconocemos “esclavos de María” que experimentamos la libertad llevada a plenitud en la docilidad a la gracia divina.

¿Cómo llenaremos de sentido esta consagración? De nuevo san Juan Pablo II, nos ofrece la respuesta: «Esta consagración se realiza esencialmente mediante una vida de gracia, de pureza, de oración, de penitencia acompañada por el cumplimiento de todos los deberes del cristiano, y de reparación por nuestros pecados y por los pecados del mundo». Dejémonos acompañar por los santos que nos han precedido, no tengamos miedo de ser todo y en todo de María Santísima, y hagamos nuestras las palabras bellas de san Ildefonso de Toledo, quien fue obispo de estas tierras en el siglo VII: «Por eso yo soy tu esclavo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso eres Tú mi Señora, porque eres esclava de mi Señor. Por eso soy yo esclavo de la esclava de mi Señor».

Quiero ser esclavo de la esclava de mi Señor.

 

+ José Rico Pavés

Santuario del Sagrado Corazón de Jesús, Cerro de los Ángeles (Getafe)

Vigilia de la Inmaculada, 7.12.2018.

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