Dos corazones sincronizados

El corazón de Jesús y el corazón de María laten al unísono. El corazón de María está abierto a la voluntad de Dios. Cuando recibe el anuncio del ángel de que va a ser madre de Dios, ella termina diciendo: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

 

Toda una actitud de ofrenda, de disponibilidad, de obediencia a los planes de Dios. Y el Verbo se hizo carne en su seno virginal. Todo el mundo estuvo pendiente de ese sí de María, nos recuerda san Bernardo. En ese Sí con mayúscula se ha abierto una fase nueva de la historia humana. Un Sí sostenido durante toda su vida, incluso en los momentos de dolor. Junto a la Cruz de Jesús estaba María acompañando y sosteniendo la ofrenda de Cristo al Padre.

 

Ella participó de esa actitud en entrega generosa de sí misma, como lo hizo desde el principio, desde el anuncio del ángel.

 

Al entrar en este mundo, dice Jesús dirigiéndose al Padre: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has dado un cuerpo. Entonces yo dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hb 10, 6-7). Con esta actitud ha vivido Jesús toda su vida terrena y vive en

la eternidad en obediencia amorosa a la voluntad del Padre. La vida cristiana consiste, por tanto, en esa obediencia al estilo de Jesús, al estilo de María. Obediencia a la voluntad de Dios, que le hace disponible para entregar su vida en rescate por muchos.

 

La sincronía de los corazones de Jesús y de María es asombrosa. En el mismo instante histórico en que ella responde al ángel, diciendo: “Aquí está la esclava del Señor”, Jesús entra en el mundo diciendo “Aquí estoy para hacer Tu voluntad”. Es un instante cronológico en el que ambos corazones han coincidido en la misma actitud, en el mismo Sí, que ha abierto una

nueva etapa para la humanidad. Si la tendencia del corazón humano es la rebeldía y la desobediencia como secuela del pecado, Jesús y María han vivido toda su vida en obediencia de amor. Jesús y María han cambiado el rumbo de la historia, haciendo de su vida una ofrenda de amor al Padre para servir a toda la humanidad. Dos corazones que laten al unísono.

 

Entrar en el corazón de Cristo y en el corazón de María nos enseña a vivir con ellos y como ellos en obediencia de amor a Dios Padre, nos enseña a hacer de nuestra vida una ofrenda permanente. El corazón de Cristo y el corazón de María son la mejor escuela de vida cristiana, por el camino de la obediencia, que es camino de libertad, y por el camino del amor para entregar la propia vida a los planes de Dios.

Mons. Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba

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