El Corazón de Jesús en los Padres de la Iglesia

Ya desde la época de los Padres de la Iglesia surgieron dos corrientes a la hora de interpretar Jn 7, 37-39 (El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí”, como dice la Escritura: ‘De su seno correrán ríos de agua viva’.

Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado). Todo depende de la puntuación.

Una primera corriente coloca el punto después de “venga a mí y beba”. Así se entiende que los ríos brotan del corazón del creyente que acude a beber de Cristo. Ésta se denomina Alejandrina, puesto que se remonta a Orígenes, que influyó en otros Padres de la Iglesia como San Ambrosio o San Agustín.

Para Orígenes la fe es fuente de conocimiento. Evidentemente, este conocimiento sólo puede ser del interior de Cristo, a través de la Escritura. Así, el que conoce lo que brota del Costado desbordará hacia sus hermanos. Orígenes identifica esta agua con el Espíritu, dado sin medida: “Quien cree en Él, tiene en sí no sólo un pozo… sino también ríos”. Para san Ambrosio, el interior del hombre habitado por el Espíritu es el Paraíso.

Otra lectura, que se puede localizar geográficamente en Éfeso, coloca el punto tras “beba el que crea en mí”. Un testigo importante de ésta es Hipólito de Roma. Esta interpretación resulta interesante por haberla recibido de San Ireneo, discípulo de Policarpo de Esmirna, a su vez discípulo de San Juan el evangelista y apóstol.

Hipólito hace más hincapié en cómo las aguas vivas fluyen del seno de Cristo. Por eso identifica el paraíso con el mismo Cristo. Para San Ireneo, el agua, el Espíritu Santo, viene desde el Corazón de Cristo. Sin recibir el Espíritu Santo, no tiene el alimento vital de nuestra madre, la Iglesia, ni bebe de la fuente cristalina que mana del cuerpo de Cristo.

Toda la tradición de los Padres al respecto puede recapitularse en una fórmula famosa: Cor Christi, Fons Vitae. La liturgia ha recogido la enseñanza de los Padres en el prefacio de la fiesta del Corazón de Jesús: “Elevado sobre la cruz, hizo que de la herida de su costado brotaran, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia: para que así, acercándose al Corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de las fuentes de la salvación”.

P. VÍCTOR CASTAÑO

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