El Corazón de Jesús en los Padres de la Iglesia

La devoción a Cristo Jesús, el Hijo de Dios que se hizo carne y que por ello no puede prescindir de su humanidad, para no ser superficial tiene que llegar a su Corazón. En efecto, el ‘Corazón’ es lo decisivo en el hombre y lo que permite valorarlo plenamente. San Jerónimo, con gran claridad expresaba esta idea, rica para la antropología cristiana, cuando escribió: Se pregunta dónde está lo principal del alma: Platón dice que en el cerebro, Cristo muestra que está en el corazón” (Card. J. Ratzinger).

Ahora que comenzamos a recorrer históricamente qué se ha dicho del Corazón de Jesús a lo largo de la espiritualidad cristiana, hemos de tener claro que lo que hacemos es acudir a aquellos aspectos de la espiritualidad cristiana que el símbolo del Corazón tiene la virtualidad de sintetizar. 

Puesto que son aspectos fundamentales, los hemos encontrado en la Escritura y los encontraremos en todos los autores cristianos. Ya afirmó el papa Pío XI que el Corazón de Jesús es el “compendio de toda la religión”. Lo mismo afirmó san Pablo VI poco antes de su muerte, afirmando que el Corazón de Jesús es “síntesis de nuestras relaciones religiosas con aquel Cristo cuyos misterios de presencia en el mundo el año litúrgico nos ha enseñado a conocer, imitar y amar”.

 No podemos caer en la tentación de querer encontrar en los siglos anteriores las características de la espiritualidad del Corazón de Jesús tal y como las entiende la espiritualidad católica tras la influencia de Santa Margarita María de Alacoque. El texto de cabecera aborda quizá el aspecto más interesante y central: ¿cómo puede ser que los Padres de la Iglesia tratasen el tema en una cultura platónica y, por tanto, intelectualista? 

Ellos prefirieron la filosofía de Platón como la más apta para entender la revelación de Dios. No obstante, puesto que la norma es la revelación, encontraron luz en los textos de la Escritura que ya hemos citado para rectificar las limitaciones de su visión filosófica. Serán los textos bíblicos relativos al Costado abierto y el comentadísimo libro del Cantar de los cantares los que inspiren las principales afirmaciones de los Padres sobre el tema.

 El Corazón, centro del hombre 

Así se explica que un autor tan platónico como Orígenes ponga el corazón como centro del hombre, y pueda decir que san Juan Evangelista ha reposado in principali cordis Iesu. San Agustín dirá de san Juan Evangelista en la última cena que “bebía de lo íntimo del corazón del Señor los secretos más profundos”, y en numerosos pasajes de sus obras nos hablará de los sentimientos del Corazón de Jesús. 

Ya hemos aludido, cuando hablamos de san Pablo, el supremo elogio que le dirigió san Juan Crisóstomo: “El corazón de Pablo es el Corazón de Cristo”. Quizás el testimonio más antiguo sea de san Justino, que habla del Corazón de Cristo en el contexto de Getsemaní: “Su corazón se derretía como cera en sus entrañas”, tema recurrente en otros Padres como veremos.

VÍCTOR CASTAÑO

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