El Corazón de Jesús, un torrente imparable

Como si fuera un torrente imparable, la espiritualidad del Corazón de Jesús se difundía a lo largo y ancho del mundo, tocando los corazones de los fieles, y moviendo a conversión y reparación por los pecados de los hombres.

Poco a poco, los Romanos Pontífices fueron tomando conciencia de los frutos de esta devoción, y así lo plasmaron en distintos documentos a lo largo de los siglos XIX y XX. Un hito importantísimo aconteció en el año 1899, cuando el Papa León XIII decidió consagrar a todo el género humano al Corazón de Jesús: bautizados y no bautizados, cercanos y alejados.

Son sus palabras: “Soñamos en una forma de veneración más imponente aún, que pueda ser en cierta manera la plenitud y la perfección de todos los homenajes que se acostumbran a rendir al Corazón Sacratísimo”.

Con cercana antelación, algunos países hispanoamericanos habían realizado una consagración nacional, como Ecuador, El Salvador y Guatemala. Fueron el fruto de la misión de los padres jesuitas.

Pronto le tocaría a España. Vemos así cómo la categoría de consagración al Corazón de Jesús va tomando forma, en respuesta a las gracias de amor que se obtienen de esta espiritualidad. Y dicha consagración se realiza a nivel tanto individual como en comunidad, incluso por naciones.

Es el camino que va haciendo Dios con los hombres para poder instaurar su Reino en el mundo, corazón a corazón, para poder llegar a todas partes. Es, del mismo modo, en los albores del siglo XX, la preparación para todas las graves circunstancias que va a vivir la humanidad en su conjunto: tener a todos unidos en sí para poder salvarlos.

RUBÉN HERRAIZ

 

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