El Corazón de Jesús y la piedad popular

JOSÉ LEONARDO LEMOS MONTANET Obispo de Ourense

 

Según mi Corazón

La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza” (cf SC 9). No podemos dudar de que el centro de la vida de la comunidad cristiana sea la Eucaristía. Sin embargo, es bueno recordar que la vivencia litúrgica no agota toda la actividad de la Iglesia, sino que hay otros caminos y otras realidades que nos acercan al encuentro con el misterio del Dios Uno y Trino.

Ese otro ámbito celebrativo y existencial, tantas veces denostado en el pasado reciente, es la piedad popular, denominada la religión del pueblo, que se ha convertido en un precioso tesoro de la Iglesia católica; es más, este tipo de vivencia es el camino a través del cual el pueblo sencillo manifiesta su fe.

En este sentido, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús ocupa un puesto fundamental en la vida de muchos cristianos. Es fácil constatar que rara es la parroquia, la capilla, la ermita o el domicilio de buenos creyentes en donde no encontremos una imagen del Corazón de Jesús. A través de ella, el creyente, y en ocasiones el no creyente, o aquél que se ha situado al margen de la vivencia cristiana, puede descubrir el amor y la misericordia de un Dios que es todo ternura y cercanía a la historia del ser humano.

Hacer memoria de que en 2019 vamos a celebrar el centenario de la consagración de España al Corazón de Cristo, nos debe ayudar a entender que sólo ahí, en Jesucristo, se pueden hacer nuevas todas las cosas. Y sólo en Él se podrá encontrar el auténtico sentido de nuestra historia personal y colectiva, como ha sucedido en otros momentos. No podemos olvidar las raíces profundas de nuestros pueblos y de nuestras gentes, aunque algunos se esmeren en decirnos que la fe se ha perdido.

Puede ser que nuestros templos se vacíen –que no es verdad–, pero las manifestaciones de la piedad popular de nuestras gentes son un grito silencioso que no se puede acallar. Hace un siglo, el rey Alfonso XIII, en nombre de toda España, suplicaba al Señor que reinase en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias.

Hermosos y profundos sentimientos de perenne actualidad; porque, si a principios del siglo XX estaba justificada esta súplica, en nuestros días es todavía más necesaria. La próxima celebración de este jubileo desde el centro geográfico de España será como un despertador en la conciencia de tantos de nuestros bautizados y de los hombres y mujeres de buena voluntad, que les ayudará a descubrir que sólo en el Corazón de Jesús encontrarán al redentor.

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