Imágenes del AT sobre el Corazón de Jesús (I): el esposo

Hablar del Corazón de Cristo es hablar del centro mismo de la revelación de Dios y la clave de interpretación de la misma: “Dios es amor” (1 Jn 4, 8) y se ha revelado tomando un corazón humano en el que late un amor divino-humano. Así nos lo explica el Catecismo citando a Santo Tomás (n. 112): “Por el corazón de Cristo se comprende la Sagrada Escritura, la cual hace conocer el corazón de Cristo. Este corazón estaba cerrado antes de la Pasión porque la Escritura era oscura. Pero la Escritura fue abierta después de la Pasión”. Comenzamos por el AT, pero sin perder la perspectiva global.

El capítulo segundo del Génesis nos presenta al hombre creado para la Alianza: usa el nombre revelado por Dios en el lugar de la Alianza; el sueño remite a la alianza de Abraham (cf. Gn 15, 12); y la expresión “hueso de mis huesos”, a la de David (cf. 2 Sam 19, 10-15). Pero esta Alianza es una unión tal que apunta a una unión esponsal cuyo origen está en el costado de Cristo.

El texto admite dos niveles de lectura. Adán es el prototipo del hombre y también anticipo del “primogénito de toda criatura” (Col 1, 15). Está incompleto sin Eva, pero es además Cristo que “necesita” del amor de su Iglesia. Pasa por el sueño como Cristo pasará por la muerte para dar vida a la Iglesia. La esposa nace de su costado:

símbolo del amor que se entrega, que da de sus entrañas. Así se expresa la intimidad entre Dios y su Iglesia.

Todas estas bellas imágenes se hacen realidad en el Verbo de Dios encarnado, “una sola carne” con la humanidad, y en su corazón abierto. Toda ella invitada a esta alianza (cf. Mt 22,1-10;25,1-13) aunque no entiende el amor el e indiviso de Dios por su dureza de corazón (cf. Mt 19, 8). Los sentimientos divinos se comparan al esposo que sufre infidelidad (Ex 34, 15; Is 1, 21; Os 1-3; Jer 2; Ez 16; Is 54, 4-8) y desea a su esposa.

San Pablo nos recuerda que por el amor entrañable del Esposo –por lo que brota de su costado–, la esposa está limpia y preparada para ser el (cf. Ef 5, 25-30). Ya había sido anunciado que este amor convertiría a la esposa in el en una virginal (cf. Is 31,10; 62,4). El Apocalipsis presenta el n de la historia como una boda que Cristo-Cordero ha preparado dando la vida por la esposa, y así, la ha “engalanado” (cf. 21, 2).

Gracias a ese amor de Cristo se puede hablar de una morada común,
de mutua pertenencia.

Víctor Castaño.

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