La Santa Reliquia

Es el nombre que lleva el Corazón del primer monumento que fue fusilado y derribado el 7 de agosto de 1936. La telefonista de Getafe daba la noticia: “Ha caído el Corazón de Jesús entre horribles blasfemias”.

“La madre Maravillas y sus hijas recibieron la noticia con profundo dolor. La madre las exhorta a mayor amor y fidelidad. Si han derribado al Señor de su trono, que cada una le levante un trono en su propio corazón, donde Él pueda mandar, gobernar según su Divina Voluntad en todo” (Cfr. María de Alvarado –seudónimo de la madre Paloma de Jesús, CD – Lámpara viva, pág. 160).

El mundo no quiere que reine Jesucristo, y por todos los medios pretende quitarlo, si es posible, hasta de su vista. Fue el propósito de este acto sacrílego.

En el otoño de 1940, el padre jesuita Alfonso Torres se encontraba dando ejercicios espirituales en el Carmelo del Cerro de los Ángeles. En uno de los paseos que acostumbraba a hacer por la explanada, se fijó en una de las piedras que estaban retirando los obreros.

Entonces, les pidió que le dieran la vuelta. Sumamente emocionado, descubrió que en ella estaba esculpido el Corazón de Jesús. Permanecía intacto. Tan sólo tenía alrededor varios impactos de bala.

 

El padre Torres pidió que lo metieran dentro de la clausura. Así quiso el Corazón de Jesús que se cumplieran las palabras que dijo a la madre Maravillas: “Quiero que tú y esas otras almas escogidas de mi Corazón me hagáis un lugar donde encuentre mis delicias”.

 

El monumento original se encuentra rodeado de cariño, venerado como preciosa reliquia por las carmelitas.

 

Años más tarde, llegó a conocimiento de las carmelitas que dos de los que fusilaron el monumento se habían arrepentido de lo que habían hecho y que felizmente murieron en gracia de Dios.

 

Con qué alegría el Corazón de Jesús les abriría sus brazos, volviendo a cumplir aquellas palabras de perdón, prometiéndoles, como al buen ladrón en la cruz: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”

 

El 25 de julio de 1965, se alzaba la nueva imagen del Corazón de Jesús.

 

Así, Cristo, en su advocación sigue cumpliendo la gran promesa de reinar en España.

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