Mi relación personal con el Sagrado Corazón

EN TI CONFÍO

Mi relación personal con el Sagrado Corazón de Jesús me retrotrae a mi infancia y a mi madre, una mujer sin estudios, de profesión sus labores y esposa de un labrador extremeño, que todos los días al levantarnos nos enseñaba a rezar la consagración diaria al Sagrado Corazón de Jesús.

En la puerta de nuestra casa había una imagen del Corazón de Jesús que aún conservo (63 años) y una inscripción: ‘Bendeciré todas las casas donde se exponga y venere la imagen de mi Sagrado Corazón’.

Mi primer trabajo fue en el polígono industrial de Villaverde Alto, a un paso del Cerro de los Ángeles. Cuando se me complicaban las cosas y tenía que clarificar mi mente y serenar mi alma, me desplazaba a la Basílica y allí, en oración, se hacía ‘la Luz’. Siempre me conforta esa inscripción: ‘Venid a Mí los que estéis cansados y agobiados porque Yo os aliviaré’. ¡Qué paz da leerla, meditarla y, en silencio, dejar pasar el tiempo! ¡Es un auténtico bálsamo para el alma!

Cuando los tropiezos de la vida me llevaron a la prisión de Valdemoro durante ocho meses, desde las distintas ventanas de las celdas miraba y buscaba aquélla desde la que poder contemplar la estatua del Corazón de Jesús. No se ve, pero aprendí una importante lección: el Corazón de Jesús late en los patios de la cárcel, en los hermanos solos y abandonados que dan vueltas allí a los errores cometidos y que dieron con sus huesos en ese lugar.

A.V. (exinterno de Valdemoro y preso del Amor de Jesús)

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