«Mirarán al que traspasaron» Jn 19, 13

ÁNGEL FERNÁNDEZ COLLADO Obispo auxiliar de Toledo

SEGÚN MI CORAZÓN

La celebración del centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús en 2019 nos invita a prepararnos a este acontecimiento de bendiciones del Señor esponjando nuestro corazón de sentimientos de gozo y de amor de Dios. Por ello, centramos nuestra atención en Jesucristo crucificado, muerto en la cruz y resucitado. Él es el Señor de la Vida y de nuestras vidas. Nuestro corazón, toda nuestra persona, quiere centrarse en su Persona y en su Corazón. San Juan, testigo predilecto y amado del Señor, nos ayuda a alcanzarlo mirando con fe y amor a Jesucristo crucificado. Recordamos sus palabras: “Mirarán al que traspasaron” (Jn 19,13).

Cristo crucificado, muriendo en el Calvario, nos ha revelado plenamente el amor de Dios. En el misterio de la Cruz se revela el poder portentoso y transformante del Padre celestial para conquistar el amor de sus criaturas. Dios Padre aceptó pagar un precio muy alto: la sangre de su Hijo Unigénito. La muerte, que para el primer Adán era signo extremo de soledad y de impotencia, se transformó de este modo en Cristo en un acto supremo de amor y de libertad. ¡Miremos a Cristo traspasado en la Cruz! Él es la revelación más impresionante del amor de Dios. En la Cruz, Dios mismo mendiga el amor de su criatura: Él tiene sed de nuestro amor.

El apóstol Tomás reconoció a Jesús como “Señor y Dios” cuando puso la mano en la herida de su costado. No es de extrañar que, entre los santos, muchos hayan encontrado en el Corazón de Jesús la expresión más conmovedora de este misterio de amor. Sólo el amor en el que se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros. Jesús les dijo: “Cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32).

La respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es, ante todo, que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por Él. Aceptar su amor, sin embargo, no es suficiente. Hay que corresponder comprometiéndose a comunicarlo a los demás: Señor, que te conozcan y te amen. Miremos con confianza el costado traspasado de Jesús, del que salió “sangre y agua” (Jn 19,34). Contemplar “al que traspasaron” nos debe llevar a abrir el corazón a los demás reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; nos debe llevar, particularmente, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas.

 

 

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