Don Ginés celebra la Misa Crismal con una llamada a la evangelización del mundo que sufre

El obispo diocesano D. Ginés García Beltrán presidió el pasado martes 7 de abril la Misa Crismal en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en el Cerro de los Ángeles.
Dada la situación de estado de alarma decretado por el gobierno de la nación, el prelado sólo estuvo acompañado por el obispo auxiliar, D. José Rico Pavés, el rector del Seminario Mayor, Jesús Parra, por un grupo de sacerdotes de la Residencia sacerdotal y también por algunos seminaristas mayores que pasan su confinamiento en el Cerro de los Ángeles.

Ginés quiso comenzar la homilía con palabras de recuerdo y cariño a los sacerdotes que han fallecido recientemente: D. Manuel García Barrio, D. Feliz Lorrio Mangas, y D. Luis Hernández Pérez.

También tuvo palabras especiales para los sacerdotes enfermos y sobre todo para las comunidades religiosas a quienes la enfermedad también ha atacado estos días. Además, el prelado, señalando la peculiaridad de los tiempos vividos, que han provocado que esta misa se celebrara con la Basílica vacía, quiso hacer un llamamiento a todos los sacerdotes de la Diócesis a renovar su fe y su esperanza en medio de la prueba:

“No es casualidad que hoy estemos celebrando la Misa Crismal en este lugar donde buena parte de vosotros recibió la ordenación sacerdotal. Parece que el Señor nos dijera: este tiempo de prueba es un verdadero “kairos”, es el momento de renovar nuestro sacerdocio volviendo a la fuente, volviendo a Aquel que nos llamó y nos consagró” recordó el obispo.

“Es momento para renovar nuestra entrega, nuestro Sí sin condiciones. Es el momento de dar unidad a nuestro corazón, de redescubrir el don de nuestro celibato vivido en esa soledad habitada que estamos experimentando estos días; es el momento de la obediencia sincera, de vivir lo más hondo de la pobreza que anida en nuestro corazón, de sentirnos pobres y vulnerables, como tanta gente, de ver que no lo podemos todo, que no somos Superman, que somos vasijas de barro para que se vea que el tesoro lo llevamos dentro. Qué bonito sería que al final de esta prueba pudiéramos decir, no con los labios, sino desde lo más profundo del corazón: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Filp, 4,13)” subrayó D. Ginés.

El prelado diocesano instó también a vivir el Año de la Caridad llevando el amor de Dios a los más vulnerables, los más débiles e instó a los sacerdotes a llevar la buena noticia del Evangelio, a ser testigos del amor de Cristo: “Tendremos que responder a esta nueva llamada, y lo haremos con la luz y la fuerza del Espíritu del Señor, lo haremos con el amor que no defrauda, escuchando en comunión, y siendo dóciles a la voz de Dios”.

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