Reinad sobre nosotros

Hacia finales del siglo XIX, España vivía una situación de decadencia a nivel militar y político –baste recordar el Desastre del 98–, pero también en lo moral y en lo cultural. Se crea la conciencia de que es necesaria una regeneración nacional.

Así lo indicaban autores como Francisco Silvela y Menéndez Pelayo: la decadencia se produce por haber abandonado el catolicismo como proyecto nacional. Tal renovación vendrá de la mano de la Iglesia y de la familia real española.

Fijándose en el movimiento corazonista francés y en la promesa del Corazón de Jesús al beato Bernardo de Hoyos, aparece un acontecimiento que precede al gran momento de 1919, pues se realiza una consagración al Corazón de Jesús que pretende abarcar al conjunto del pueblo español.

Se trata del Congreso Eucarístico Internacional de Madrid, en 1911. Cuenta el cronista que, “en divisando la carroza y al cardenal Legado, las fuerzas de guardia exterior presentaron armas, las bandas batieron marcha y los Reyes, con su séquito, se prosternaron, rindiendo homenaje a Su Divina Majestad”.

Y entonces, el padre Postíus, secretario del Congreso, leyó en nombre de los Reyes la fórmula de consagración: “Somos vuestro pueblo. Reinad sobre nosotros”. El camino hacia el acto solemne de 1919 está marcado por la idea de la realeza de Cristo. Él debe reinar para que España sea próspera.

Este apostolado tendrá diversas manifestaciones, como la Obra de Entronización del padre Crawley, o las Marías de los Sagrarios, con san José María Rubio. Es ya inminente la consagración hecha por el Rey en primera persona, a los pies del monumento del Cerro.

RUBÉN HERRAIZ

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