Tened los sentimientos de Cristo

Como decía Romano Guardini, “lo esencial del cristianismo es Cristo”; es la novedad permanente del Evangelio, su persona, que nos ha revelado en plenitud el Amor del Padre y nos ha regalado el Espíritu Santo, “Señor y dador de vida”, que tiene como misión formar en nosotros “los sentimientos del Corazón de Cristo”. A la preparación y a la celebración de un centenario como en el que está embarcada la joven Diócesis de Getafe desean sumarse tantas realidades eclesiales, desde la comunión con la Iglesia diocesana y con el papa Francisco, lanzándose a “una Iglesia en salida”. No puede evangelizar sin “los sentimientos del Corazón de Cristo”, es decir, sin una renovación y un tomarse en serio nuestro Bautismo, que nos exige la santidad. Sabemos que, sin Jesús, “nada podemos hacer”, y sin la identificación con su Corazón no sembraríamos nada en esta encrucijada histórica que vivimos. Son tres los sencillos objetivos que debemos vivir todos ante este acontecimiento. No debe darse más que el subrayado de la evangelización presentando aquel Corazón que nos dijo: “Venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados y Yo os aliviaré y aprended de mí que soy manso y humilde de Corazón y encontraréis vuestro descanso” (Mt. 11.):

  1. Volver a lo esencial. No es cuestión de irse por las ramas, sino de volver a lo esencial, que es el amor de Dios, que nos ama con un Corazón humano y que, Vivo en la Eucaristía, se ofrece como Redentor de la humanidad. Es volver a descubrir la centralidad de la Eucaristía, la primacía de la Palabra de Dios, la pasión por evangelizar a los jóvenes, a las familias y a los que ya hace tiempo que no vienen, ni les interesa, ni el Evangelio, ni la Iglesia, ni nuestra vida y nuestro mensaje.
  2. Pertenencia al Señor en su Iglesia. Es una oportunidad de vivir en nuestra comunión eclesial en una Iglesia en la que no sobra nadie. Una Iglesia que, hace un siglo, con la consagración hizo un acto de pertenencia y confianza en el Corazón de Jesús y que, en medio de no pocas dificultades, se consagró y ofreció lo mejor de sí, para el servicio de una sociedad en crisis.
  3. Servicio a todos los necesitados. En esta tierra en la que tantas personas viven insertas en dramas tan agudos, de paro, de falta de esperanza y, sobre todo, de tantas heridas de todo tipo que aquejan al corazón humano, esta celebración puede ser una gran oportunidad para crecer por dentro para servir por fuera a los necesitados. Es una llamada a mirar al Corazón de Cristo, que es fuente de Vida y santidad con María y los testigos de su Amor.

Francisco Cerro – Obispo de Coria-Cáceres

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